Mobilidad eléctrica, ventaja o inconveniente?

Mobilidad eléctrica, ventaja o inconveniente?

Estos últimos años una nueva realidad ha ido abriéndose entre la cotidianidad de las personas, los vehículos eléctricos.

Actualmente, una familia que habita la ciudad suele tener la necesidad de incorporar un vehículo por su movilidad cotidiana. Esto implica que la movilidad y la accesibilidad son uno de los parámetros más importantes dentro de un proyecto de arquitectura donde el vehículo acaba convirtiéndose en un miembro más de la familia con la necesidad incluso de un lugar para dormir.

Tanto los vehículos como la arquitectura han creado una cultura propia. Una conversación continua tratando de adaptarse al ritmo que dicta la sociedad de consumo desde el inicio de la revolución industrial. Los avances de la sociedad han provocado cambios importantes en su funcionamiento y apariencia tanto del vehículo como de su entorno, donde quien diseña estos espacios ha tenido que actualizarse respecto las nuevas necesidades para obtener el mejor rendimiento y el mejor resultado, tratando de optimizar al máximo los recursos.


Observando las infraestructuras viarias actuales, encontramos puntos de suministro por todo el mapa distribuidos de manera homogénea. Para el vehículo eléctrico, a pesar de que cada vez encontramos más estaciones de recarga, el servicio todavía se encuentra en crecimiento y resulta un poco complicado localizar poblaciones dotadas de estas estaciones en un itinerario cualquiera. Igual que un nuevo negocio, hay la necesidad de un espacio con las características propias para la venta del producto, en este caso, la electricidad, donde la incorporación de una red eléctrica con los cargadores actuales en el espacio público implica una infraestructura bastante aparatosa, que con el tiempo, puede generar un conflicto urbanístico grave tanto a nivel viario, como nivel de instalaciones.


No obstante, tenemos que tener en cuenta ciertas contradicciones antes de extraer conclusiones. Vemos que el vehículo eléctrico se vende como un producto sin emisiones, pero no olvidamos que se contradice con su propio discurso por la utilización de una batería de Litio, siendo este un mineral fósil no renovable. Además, el gran esfuerzo que implica la generación de una nueva red eléctrica que pueda soportar las potencias requeridas para adaptarnos a una realidad con vehículos eléctricos, conlleva desechos contaminantes en su construcción donde también intervienen materiales tóxicos. Por lo tanto, tenemos que tener en cuenta que todavía nos encontramos sumergidos en un “proyecto piloto”, todo y que a nuestro parecer, no dudamos que resulta muy sugerente.

Tratando de poner un ejemplo en comparación para explicar cómo la sociedad se adapta a lo cambios tecnológicos;  la evolución de otro elemento cotidiano que necesita carga eléctrica como es el teléfono, también repercutió directamente en nuestro hábito y además a un ritmo muy acelerado. Siguiendo la escalada tecnológica, se han generado elementos de recarga (cables o baterías) que han comportado un cambio social, donde todo el mundo viaja con cargador para poder prolongar el uso de su dispositivo.


Una de las funciones en este campo de los proyectistas y urbanistas, será diseñar un nuevo sistema que no fragmente visual y estructuralmente la ciudad y que pueda adaptarse a las necesidades de cada usuario según el ámbito de uso. En este caso, habrá que plantearse soluciones que impliquen nuevas infraestructuras para la captación de energía y espacios dotados de las conexiones necesarias que no interfieran con la zona de vida pública o privada.
Todo lo que podemos encontrar a lo largo de la ciudad para un vehículo de gasóleo o diesel, en el caso del vehículo eléctrico, se tendrá que tener en cuenta además en dos espacios imprescindibles como son, el estacionamiento privado (dotándolos de servicio de recarga) y el estacionamiento de recarga público. Nos podríamos llegar a preguntar si nuestros edificios podrán adaptarse a este cambio y si hará falta un cambio en las formas de energía Eléctrica para abarcar la península cuando el vehículo eléctrico se instaure. Resulta uno de los temas claves para garantizar la evolución del sector.


A nivel municipal, trabajando conjuntamente con la empresa Etecnic, hemos podido participar en dicho campo. Hemos podido observar como los habitantes van sintiendo más curiosidad sobre estos vehículos, y como poco a poco casi todos los municipios incorporan infraestructura de movilidad eléctrica. Hemos visto cómo se sustituyen los vehículos de combustión por vehículos eléctricos a los ayuntamientos, sobre todo para la movilidad fija (transporte público, brigadas, policía, organismos de limpieza…), esta puede llegar a ser una solución inteligente, todo y las carencias que todavía muestra la red pública de estaciones de recarga.

 La movilidad eléctrica es un campo donde todavía se tiene que profundizar muchísimo y a partir del cual todos podemos mejorar nuestra calidad de vida. De igual manera que aprender un nuevo lenguaje, la sociedad tendrá que reprogramarse para incorporar el vehículo eléctrico a su ritmo vital.

Nuestra cultura está cambiando, y las innovaciones provocan cambios tanto en el espacio público como al privado, aunque pensamos que cualquier cambio social de este tipo no se ve cumplido hasta que se instaura en el ámbito doméstico.

Por ahora, ya hemos cedido el paso a la movilidad eléctrica, porque el vehículo eléctrico ha venido para quedarse…


¡Salud y arquitectura!

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