El último superviviente

El último superviviente

Cada vez que rehabilitamos es como si estuviéramos haciendo un puzle distinto. Las intervenciones son diferentes y muchas veces no podemos aplicar un sistema utilizado anteriormente. De la misma manera que ninguno de nosotros somos iguales, las rehabilitaciones funcionan de manera similar, siempre hay una sorpresa, algo inesperado que nos obliga a sacar el mayor ingenio y perspicacia dentro de cada uno de nosotros para llegar a una solución. Es un juego.

Nos obligan a estar siempre ojo avizor, a no fiarnos nunca de lo que pueda haber detrás de un simple revestimiento. En Espai Blanch siempre lo hemos comparado con la medicina: Si tenemos una pierna rota y le ponemos pomada no solucionamos nada. A los edificios les pasa lo mismo, si ha surgido una lesión, necesitamos encontrar lo que la ha provocado para poder repararlo de manera propicia.

Es por ello que necesitamos conocer, y muy bien, las buenas prácticas de construcción, tanto las actuales como las tradicionales. Estas últimas son las grandes olvidadas, entre las que se incluyen los muros de tapia.

La tapia es un muro macizo compuesto por arcilla, tierra y/o arena, en ocasiones algo de piedra si hay suerte, todo ello prensado con gruesos entre 60 y 100cm. No es extraño ver muros de este estilo en Catalunya ya que era una práctica muy habitual hasta el siglo XIX.

Siendo tan extensa esta manera de construir es, como poco, muy curioso el desconocimiento generalizado que hay sobre esta materia tanto por parte de los técnicos como por normativas, ya que no existe ninguna que contemple la tapia. Entonces ¿Cómo vamos a intervenir en ella si no conocemos su comportamiento, características o criterios de cálculo?

A esta situación nos enfrentamos en un edificio de Reus de planta baja + tres plantas piso. Se nos adjudicó una rehabilitación de fachada que se planteaba aparentemente bastante sencilla, revestida con mortero de cal. Se realizaron catas para conocer los elementos que conformaban su envolvente, que se descubría a si misma de ladrillo macizo de 5cm en todo el edificio, hasta que en el muro de planta baja apareció la tapia, y con una lesión bastante seria.

Pero antes de intervenir teníamos que recabar los máximos datos posibles para poder emitir una diagnosis acertada y que no fuera contraproducente. Paralelamente nos encontrábamos con varios handicap: lejos de un grosor aceptable, el muro de tapia tenía un espesor de aprox. 35cm, la fachada tenía un desplome hacia la calle entre 5-10cm, en la tercera planta residía una pareja de ancianos y no había de olvidarse que soportaba 3 pisos de ladrillo macizo. Evidentemente lo primero que se determinó fueron las medidas urgentes preventivas: Se apuntalaron todos los tramos de forjados que apoyaban en el muro de tapia para ganar tiempo y conseguir una solución aceptable.

Teníamos claro que la solución era la sustitución del muro pero, ¿Cómo íbamos a apuntalar las 3 plantas superiores? Tras mucho deliberar y llegar a una solución que satisficiera tanto a los técnicos como al estructurista, y teniendo en cuenta que se trataba de un edificio esquinero con dos fachadas, se procedió de la siguiente manera:

ESTADO ACTUAL

 

1ERA FASE: CONSOLIDACIÓN DE LA ESTRUCTURA EXISTENTE

Objetivos:

  1. Darle continuidad a la jácena principal que apoya en el muro de tapia hasta la medianera contraria. De tal manera que, si la fachada volcaba, el resto de la estructura no estuviera comprometida.
  2. Liberar la fachada de cargas mediante apuntalamientos.

 

 

2DA FASE: APUNTALAMIENTO DEL MURO. SOPORTE DE FUERZAS VERTICALES

Objetivos:

Atravesar el muro de fachada mediante perfiles metálicos y hacer un cosido de todos estos travesaños mediante la soldadura de un perfil en L a cada lado del muro.

 

 

3RA FASE: APUNTALAMIENTO DEL MURO. SOPORTE DE FUERZAS HORIZONTALES

Objetivos:

  1. Evitar el vuelco de la fachada creando un encamisado en la fachada contraria (que se componía únicamente de ladrillo macizo) y soldar unas barras de acero corrugado desde este encamisado hasta los travesaños a manera de tensores.

 

 

4TA FASE: SUSTITUCIÓN DEL MURO DE TAPIA

Objetivos:

  1. Vaciar tramos aproximados de 1m el muro de tapia y reconstruirlos con ladrillo perforado sobre un zuncho creado específicamente para ello.

 

 

A toda esta compleja operación se le sumó un elemento más para añadir más inri: Las inclemencias del tiempo. Durante los días de reconstrucción del muro la lluvia nos lo puso más complicado, entendiendo que la composición de la tapia es altamente sensible a la acción del agua y tuvimos que protegerlo casi permanentemente.

El muro de tapia, “el último superviviente” de la época del edificio ha aguantado el tipo desde el año 1.885 hasta el 2.018, nada más y nada menos de 133 años, aunque nos ha hecho sufrir. Finalmente salimos victoriosos de la experiencia, de la que hemos aprendido muchísimo y estamos deseando que llegue el próximo reto.

Salud y arquitectura!

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