La simbiosis entre arquitectura y paisaje

La simbiosis entre arquitectura y paisaje

“(…) Y aquí estoy ante ustedes predicando la arquitectura orgánica, declarando que es el ideal moderno y la enseñanza tan necesaria si queremos ver el conjunto de la vida, y servir ahora al conjunto de la vida, sin anteponer ninguna “tradición” a la gran TRADICIÓN. No exaltando ninguna forma fija sobre nosotros, sea pasada, presente o futura, sino exaltando las sencillas leyes del sentido común – o del súper sentido, si ustedes lo prefieren – que determina la forma por medio de la naturaleza de los materiales, de la naturaleza del propósito…¿La forma sigue a la función? Sí, pero lo que importa más ahora es que la forma y la función son una” – Frank Lloyd Wright

La arquitectura es una investigación constante del equilibrio entre el ser humano y los espacios en los que nos relacionamos. Anhelamos los paisajes verdes y sin embargo, construimos ciudades grises, deseamos la libertad de los pueblos pero no somos capaces de arrastrarla dentro de las ciudades. Estamos en un momento crucial de la arquitectura, un punto de no regreso en el cual tenemos el deber de encontrar la armonía entre la naturaleza y la funcionalidad del hábitat del ser humano. Tenemos la oportunidad de dejar de invadir paisajes, de rehabilitar el lugar, representando un único conjunto de usuario, entorno y utilización de materiales de forma sensible.

El edificio tiene que ir más allá del arquitecto, tenemos que romper límites y conseguir cohabitar con el medio ambiente. Al fin y al cabo, ¿Por qué no podemos pensar en edificios como organismos vivos como nosotros? ¿No es el concepto de arquitectura sostenible el progreso de la arquitectura orgnànica?

Se trata de respetar las leyes de la naturaleza utilizando materiales que demandan un bajo nivel de energía en su fabricación, teniendo cómo objetivo utilizar materiales naturales, lo menos procesados posible, o incluso reciclados… Se buscan fuentes naturales de energía, un bajo consumo energético y ser más conscientes con el medio ambiente. La bòbila de Sugranyes es un buen ejemplo de arquitectura orgánica que encontramos en Reus. Construida con adobe y ladrillo, se plantea como una planta circular de 23 metros de diámetro en la cual se fabricaban precisamente los materiales cerámicos del que está compuesto en si mismo. Parece que el edificio tenga una voluntad en que el entorno no participa, pero que sin embargo, tiene muchas oportunidades de hacerlo. Y si consiguiéramos que no fuera un recurso impuesto en el paisaje? Qué pasaria si le proyectáramos un entorno digno?

La fórmula es clara: Aportar un trazo respetuoso e integrador con el paisaje, que consiga prevalecer en el tiempo. Una simbiosis, en que el entorno actual reciba un beneficio de la arquitectura y viceversa creando un nuevo organismo imposible de funcionar sin estar los dos presentes.

No hay Comentarios

Escribe un Comentario